Medir el mar con un regla.

Pesar el cielo con una báscula.

¿A qué no? 

¿Entonces, porqué pensar a Dios, porqué entenderlo?

A Dios hay sentirlo y no pensar lo sentido, sino sentir que sientes lo sentido.

Y cuando sientas lo sentido, entonces y sólo entonces lo habrás sentido y tendrá sentido.