¡Ya no puedo más.!

¡Estoy harto.!

¡Estoy desesperada.!
El lenguaje es nuestro mejor analista junto con el cuerpo, pero a éste no nos ha enseñado en occidente a interpretarlo y su modo de comunicación es aún desconocido para mucha gente. Digamos que el primero que habla es el cuerpo, luego surgen las papalabras.
En estados emocionales contractivos y sentimientos muy limitantes e incluso generadores de sufrimiento es importante prestarle mucha atención al lenguaje  que empleamos. 
Al igual que diagnostica, también sana.
Cuando nos anclamos en la “desesperación” estamos viviendo de expectativas frustradas. No llega el anhelado deseo de cambio. Esperamos y desesperamos.
Son momentos en los que hay que tomar  conciencia del “Ahora”, del momento presente e incorporar con todos los sentidos lo que nos rodea para verificar cuanta vida existe en el presente. Es la mente la que te sacará del momento presente y volverá a jugar a futuro y aparecerán los “es que…”. 
Unos podrán salir de este estado emocional con un “parar y sentir” para otros será necesario pasar antes por la seguridad como plataforma emocional, volver a sentir seguridad y para ello será necesario un proceso de consciencia que si no ha sido entrenado requerirá un acompañamiento de alguien en su búsqueda y generación.