LA HOSTILIDAD.

El mundo es hostil. Es su mecanismo de autodefensa.
Respuesta automáticamente programada durante miles de siglos.

Desde que el hombre civilizado intenta vivir conforme a su esencia la vida se ha convertido en la necesidad de desprogramar las respuestas automatizadas hostiles y hacer del mundo un hogar acogedor e integrador del amor que somos.

Lo hemos hecho con normas de convivencia de carácter imperativo, prohibitivo y sancionador. Tal es así, que hasta los Diez Mandamientos tuvieron que ser enunciados con un “No…”.

Imponer norma es otro automatismo de proteccion al que tendemos de manera automática. Sólo hace falta ver como nos comportamos con los niños.

Todo lo que nos resulta hostil lo alejamos, ponemos barreras, prohibimos, censuramos y castigamos. Con el paso del tiempo hemos aprendido hacerlo de manera sutil y elegante.

Cuando los grandes maestros de sabiduría apelaban al AMOR como esencia y fundamento de la vida nadie entendía que se podía hacer con el AMOR en un mundo tan hostil. Es como pretender que no te devoren los leones hambrientos por ser vegetariano decían muchos.

La hostilidad nos rodeará hasta el final de los tiempos. Responder a la hostilidad con más hostilidad automatozada o responder desde la consciencia marca la diferencia.

Quien se automatiza forma parte del sistema de hostilidad programada. Podemos resumirlo en “ojo por ojo y diente por diente”.

Quien de manera consciente afronta la hostilidad responde con la conciencia, el corazón, la mente o el cuerpo y entonces comprende que la mayor parte depende de su actitud y elegirá la actitud más adecuada a su SER y al ser consciente está prestando atención y al prestar atención introduce amor y al introducir amor está amando. Su acción vendrá entonces determinada por su grado de consciencia y sólo si ésta es total amará al que llaman su enemigo. Podemos resumirlo en Ama y haz lo que te plazca de Agustín de Hipona.