ORO

ORO

Metal precioso lo llaman.
La creencia de su poder está tan fortalecida que por lo general es difícil encontrar a alguien que tenga una creencia como los indígenas de América que se lo entregaban a los colonizadores españoles a cambio de espejos.

Sellamos alianzas de oro.
Recubrimos de oro objetos y adornos.
El oro es símbolo de riqueza.

Muy pocos desprecian un objeto de oro.

Desde el “Becerro de Oro” hasta los cálices hemos revestido de oro todo lo que consideramos valioso.

Es tal su poder que nos hace sentir mal con nosotros mismos y los demás si contemplamos un “exceso” de oro y rápidamente surge el sentimiento de justicia por todos aquellos que no tienen nada. Tan es así que a veces lo ocultamos y guardamos para que nadie se entere y otras veces lo exhibimos de manera ostentosa como símbolo de belleza o poder.

Se trata de un poderoso sentimiento. Una mezcla entre emociones y pensamientos. Automatizados e inconscientes son de tal naturaleza que pueden desencadenar acciones no deseadas.

El oro no es más que el espejo de nuestra mente. En él nos miramos y nos devuelve la imagen de lo que nuestra mente tiene impreso como código de comportamiento automatizado.

Una relación consciente con el oro devuelve la imagen que de manera serena es observada para aprender que es lo que la mente hoy en el oro refleja. Sin juicio, sin sentimiento, una observación, aceptando todo lo que surja como propio y no ajeno e integrándolo como el verdadero tesoro de sabiduría que el oro encierra.

¿Qué sientes al contemplar el oro?

Una vez que tu mente te ha devuelto su imagen deja que tu corazón serene tu ánimo y contempla en silencio lo que has aprendido.

Publicado en O

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