Volver, siempre volver. La ley de la impermanencia. Los sentimientos que se generan en este corto período de tiempo han merecido el nombre de “síndrome posvacacional”. ¿Qué tiene nuestra vida ordinaria y cotidiana que tanto nos cuesta retomar?. Los pensamientos y sentimientos que genera la vuelta son todo un “Master” en Desarrollo Personal pues nos aportan valiosa información. Pararse unos instantes a observarlos, meditarlos, aceptarlos, soltarlos y aprender sería la tarea más conveniente de todos aquellos que queramos descubrir lo que en nuestra vida nos reporta bienestar y malestar. De pronto aparecerá la creencia más limitante:” Ya, pero la vida es así, no puedo cambiar, ahora ya no puedo.” Volver de vacaciones requiere un Plan de aterrizaje. Hay que tener en cuenta todos los aspectos: Cuerpo: habituarlo al nuevo horario poco a poco lo que supondrá comenzar días antes y no de repente. Mente: Ir introduciendo poco a poco temas y desarrollos mentales entorno al empeño cotidiano. Sentimientos: observarlos y gestionarlos adecuadamente a través de la respiración consciente y verbalizarlos y compartirlos. Si surge el empoderamiento para el cambio y pretendemos cambiarlo todo, pues lo que tenemos no nos gusta, tener en cuenta que la alegría expansiva no es una buena plataforma para tomar decisiones y es mejor generar la emoción de la seguridad que un análisis desde el corazón generará después de unos momentos de profunda meditación del nuevo proyecto. Si surge cierto dolor y sufrimiento y la creencia de no poder cambiar nada entonces ser consciente de lo que hay y esperar a que la sabiduría interna señale el camino buscando en mi interior la fuerza que preciso para seguir adelante. Si eres de los que equilibra cada día para que las vacaciones no sean una necesidad, solamente un periodo del año igual al resto pero compartido con la vida de manera diferente, felicidades, has encontrado el equilibrio.