REINICIARSE como SERES ESPIRITUALES: Del oro al barro (XXX)

Cuando encontramos la fuente de la vida, cuando contactamos con la verdadera fuente de AMOR que somos no son necesarios muchos ritos o ceremonias para volver a su encuentro. El hombre y la mujer espiritual saben que basta un simple gesto, una respiración consciente, una inclinación de los párpados, un silencio interior y una observación consciente para su encuentro (ese fué el mensaje de Jesús de Nazaret, en  Getsemaní, en el Huerto de los Olivos: “….velad conmigo.”). Ante esta situación en la que la mente juega un papel secundario en el proceso, pues su aquietamiento es esencial, se produce otro proceso en el que ella misma, la mente, puede diseñar un programa mental para no quedarse al margen de la fuerza que el Ser que habita tiene en su interior. Este programa a lo largo de la historia se ha inclinado por dos extremos y entre ambos se mueven la mayoría de los programas mentales y que podemos denominar, como digo, en su extremo; el extremo del oro y el extremo del barro.

El programa mental en el extremo del oro es aquel que ante la fuerza de la vida la intenta agasajar y engrandecer con oro, el objeto más valioso que la mente como creencia tiene generado en muchas personas, sociedades y pueblos.

El programa mental en el extremo del barro es aquel que ante la fuerza de la vida huye de todo lo material y solo toma de la tierra lo que la tierra le da, tierra y agua para hacer barro.

Entre el oro y el barro, como extremos, hay toda una gama infinita de posibilidades pesos y medidas. Cada uno tiene la suya. Pero en todas está presente el oro y el barro.
En todas las culturas y religiones existe este programa mental y podemos ver expresiones de ambos extremos o de la mezcla en peso y medida.

Una mirada compasiva, desde el corazón, a cada una de estas manifestaciones nos servirá de espejo para verificar en que programa mental estamos más anclados y desde esa observación aprender con  serenidad lo que nuestra mente ha diseñado en el ahora para contemplar la manifestación externa y tangible de lo que los demás sienten ante la fuerza de la vida que es el AMOR.

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