REINCI@TE como payaso

PAYASO, que insulto despectivo más elocuente: “hacer el payaso” tan relacionado con la vergüenza, que en el fondo es miedo y que profesión más sublime la de hacer reír a la gente.

Es lógico que el público de los payasos sea preferentemente los niños, pues éstos aún no tienen desarrollado todos esos sentimientos y creencias que el Ego va incorporando a la vida de adulto y que nos impide poder reírnos de circunstancias que antes nos parecían graciosas y ahora nos parecen una “payasada”.

Ser payaso es vocacional, no todo el mundo vale, dicen. Pero si analizamos bien la cuestión no es que no tengamos madera de payasos, es que tenemos demasiada carga de sentimientos y creencias para ser un payaso.

Esta incapacidad por “sobrecarga”, que no por ausencia de actitudes, nos puede hacer reflexionar.

Un payaso es un comunicador que utiliza el lenguaje verbal y no verbal para que sus espectadores contacten con la emoción más expansiva que existe, la alegría. De ahí que recientemente haya nacido la “risoterapia”, es decir,  el conjunto de sabidurías y herramientas que nos permiten contactar con esa fuente de bienestar y que forma parte de la felicidad que es la alegría. Si el payaso logra que contactemos con la alegría y existen herramientas y sabiduría para lograrlo por nuestros propios medios, sencillamente basta con aprender cuales son para poder estar alegres en cualquier momento. Pero aún más, para alegrar la vida a los demás, que es la misión esencial del payaso. Ergo, si mis creencias y sentimientos me impiden ser payaso, tengo suficiente información para saber porque no soy o estoy alegre y porque no alegro la vida a los demás o más bien se la amargo.

El payaso deja a un lado su presencia cotidiana  y se viste de payaso. Otra pedazo de pista, es decir, nos indica que debemos dejar nuestro EGO al lado, debemos soltar, sí soltar ese disfraz que nos ponemos todos los días y aparecer tal y como somos, como realmente somos. Esta evidencia en sí misma es una herramienta para alcanzar la alegría y contagiar alegría.

Cuando se logra contactar con esta capacidad, es decir, la de hacer reír a la gente y hacerle pasar un buen rato, se quiere repetir y repetir, es adictiva, se hace vocacional y entonces se puede pronunciar esa frase: “tiene alma de payaso”, sin darse cuenta de que repitió, repitió y repitió, hasta generar un hábito, que repitió, hasta generar una costumbre, que repitió y conformó un carácter.

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