ONCE DIAS EN LA PRISION DE TOPAS: La Ruleta de la Fortuna

He sufrido un ataque informático y al parecer tengo un Troyano en mi tablet. Me ha desaparecido un artículo y el blog elimina las entradas de esta sección. Todo muy profesional.

En un mundo lleno de delincuencia, como dirían algunos, la ira campa por sus  fueros y las emociones como la tristeza, la sorpresa, el hartazgo o el miedo gozan de parcelas de poder bastante extensas entre la población, no es de extrañar que las dolencias y patologías psíquicas y psiquiátricas abunden y el resto de los mortales, los que se consideran cuerdos quieran a toda costa aprender rápidamente a ser felices y que la alegría sea su naturaleza y esencia. Bienvenidos al Casino de la vida donde todos los días nos jugamos nuestro bienestar.

Este panorama tan desolador no sería una parte de la realidad si todos tuviéramos una educación y reeducación en lo que se ha denominado Inteligencia Emocional. Sufrir hoy por las emociones es una incompetencia, es decir, una falta de competencias por falta de educación y formación adecuada. Hoy sabemos más que ayer y menos que mañana en materia de emociones y es conveniente estar informados.

Hay dos tipos de ciudadanos en estos momentos. Unos , que juegan todos los días a la ruleta en el casino de la vida y otros que van aprendiendo a programar y gestionar sus emociones para que la vida no sea lo que el azar o la suerte decidan aleatoriamente sino lo que la voluntad escoja entre la variedad que ofrece la inteligencia emocional.

Disponemos de un entrenamiento para gestionar la emociones. Disponemos de un entrenamiento para identificarlas y aprender de ellas.  Está al alcance de todos en Escuelas, Colegios, Institutos, Cursos, Talleres…en fin una variedad muy amplia de modos y formas de aprender.

Quince reclusos que miran la pizarra con los ojos de una mente de principiante y actitud de aprendiz después de 20 minutos de meditación. Unos reclusos que aprenden como gestionar las emociones más contractivas y limitantes. ¿Y si solo eso bastara?, ¿Y si bastara con un proceso educativo o reeducativo en inteligencia emocional? Aún no tengo la respuesta pero me acerco a ello cada vez más.

En los cursos que imparto cada día son más personas las que se me acercan para manifestarme como ha cambiado su vida, como se sienten otra persona, diferente, como el conocimiento  la práctica les ha ayudado. Y el contenido es el mismo para los reclusos.

Hablar de emociones por primera vez en su vida, hacerlo con serenidad y en un plano totalmente  educativo es toda una experiencia. Si así no lo intuyes te aconsejo que acudas a un taller de inteligencia emocional y decidas tu mismo.

Es curioso como algunos de los que me conocen me dicen que “soy muy profundo”, lo que supone que ellos son “muy superficiales”, según su lógica. Nos han enseñado a ser superficiales y rascar poco, muy poco, en nuestros sentimientos, una estrategia que a la corta funciona, pero a larga supone tener que lidiar con situaciones inesperadas que no se sabe como gestionar y que se hubieran evitado si se tratara todo cuanto acontece en el momento exacto en el que ocurre que es cuando estamos ante el estado natural de las cosas y no ante el constructo mental que la mente ha creado de algo que ocurrió y no fue atendido debidamente. Aceptar todo cuanto acontece y sumergirse en las profundidades de uno mismo para encontrar su sentido y para qué es la encomienda de todo ser inteligente desde el punto de vista emocional.

Me suelen decir que la vida es mucho más fácil, que deje de darle tantas vueltas a las cosas que ocurren. Durante años estuve haciendo vida de esa divisa. Hoy puedo decir por experiencia propia que me quedo con la cosas que me ocurren en el aquí y ahora un rato, justo el necesario para aprender y de esta forma siento la vida en total plenitud. La vida superficial, o la superficialidad convierte la vida en un casino, mientras que la atención, el estudio y la contemplación de lo que ocurre en cada momento da a cada momento su sentido y no deja nada al azar.

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