SEXTO DIA EN LA CARCEL: EL LOBO QUE CUIDAMOS

Sabréis el cuento de los dos lobos que todos llevamos dentro y que están librando una permanente batalla y que ganará aquel de ellos que sea alimentado. Se trata de una realidad fabulada que nos  afecta  a todos. Lo que desconocemos  es que el alimento lo constituyen los pensamientos, los sentimientos. 

Desde que los internos escucharon y aprendieron de la existencia del cerebro reptiliano en las clases teóricas su mayor preocupación es saber como controlarlo. El deseo de control sobre nosotros mismos es una búsqueda incesante de nuestra mente. Intentar controlar la parte  reptiliana del cerebro es una aventura de difícil éxito. Podemos aprender a gestionar con mayor consciencia las reacciones y convertirlas en respuestas más conscientes. 

Podemos aprender  de la observación como reacciona y ante que reacciona. Podemos aprender de nosotros mismos. Nuestra sabiduría surgirá de la observación y para eso hay que saber parar.

Aprenden a sentarse, a parar, a observar los pensamientos y los sentimientos, a estar con ellos, incluso con los más desagradables y que nos provocan sentimientos que rechazamos de  manera automática y reactiva y que son el alimento del lobo más rabioso, lleno de ira, odio y resentimiento. Cambiar los pensamientos es todo un reto para los internos, vienen pensando de esa manera desde  hace muchos años, son sus creencias, su cultura, su educación, se han llegado a  identificar con sus pensamientos de tal forma que creen que son lo qué piensan. En este punto no se diferencian mucho de millones de personas que se siguen identificando con su nivel mental exclusivamente y sorprendidos preguntan si es que hay algo más, o somos algo más que lo que pensamos. Los niños no conocen las palabras y no pueden tener pensamientos y nadie les negaría la vida y la actividad cerebral que desarrollan. Además y según Jesús de Nazaret son los qué sean como niños los que podrán entrar en el Reino de los Cielos. Aquietar la mente, pues es el excesivo racionalismo el que muchas veces nos aleja del paraíso, de nuestro bienestar y bienser. Observar tu mente permite cambiar los pensamientos, las creencias. Nada se ha descubierto en este mundo si previamente no fue observado antes. Entrenamos al OBSERVADOR DESAPEGADO.
Al salir del edifico Sociocultural me acompañaba mi amigo y siempre nos fijamos en los cientos, sino miles, de pájaros que a estas horas vienen del campo a posarse en tejados y alambradas (su peso hace sonar las alarmas, me cuenta), hoy nos fijamos en su vuelo, total y absoluta coordinación a pesar de las maniobras del vuelo todos funcionan coordinadamente, como uno solo, son UNO. Es más que confianza es entrega al otro, al grupo, es dejar de ser para SER. El hombre no tiene esa capacidad, recela, huye, desconfía, no podemos volar juntos. El lobo que llevamos dentro es muy territorial.

Recordemos que la diferencia entre unos y otros, en muchas ocasiones, es que alimentamos a uno u otro lobo, pero ambos seguirán viviendo en nuestro interior para el resto de nuestras vidas. Y de ello depende, en muchas ocasiones VIVIR o SOBREVIVIR.

Siempre Adelante.

Un indio muy sabio se encontraba enseñándole a su nieto importantes lecciones de vida:
— Existe una pelea en cada uno de nosotros que se asemeja mucho a una lucha entre dos lobos. Uno de ellos representa la maldad: envidia, celos, remordimientos, egoísmo, ambiciones, mentiras… El otro lobo es la encarnación de lo bueno: paz, amor, esperanza, verdad, bondad, fidelidad.
El pequeño, conmovido con las palabras de su abuelo, se quedó pensando por algunos instantes, y luego le preguntó:
— ¿Y cuál de los lobos suele ganar al final?
El sabio sonrió ligeramente y le respondió:
— Siempre gana el lobo al que alimentes.

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