Autoconciencia

Conocerse es una aventura. Pocos inician ese camino, su existencia se basa en la identificación con lo que la psicología denominó personalidad y la gente lo define con «es que yo soy así».

Acomodarse en la personalidad conformada en la infancia es la tónica general.

Dejarás a tu padre y a tu madre para seguirme a mí, dice el Maestro de Nazaret, dando un pista muy clara de lo que loa budistas denominan, soltar.

El equipaje infantil sirve para llegar al campamento base del Autoliderazgo, primera de las cuatro del Liderazgo de Bienestar Psicosocial.

Hasta este punto en el ascenso de la pirámide de Maslow te han acompañado tus padres y madres, todo cuánto configura el contexto de tu educación, cultura y formación. Ahora te tomas un tiempo para descubrir quién eres.

En este campamento aún no ha surgido el para qué de la vida, si ya lo has hecho eres un afortunado y tu vocación tirará de ti hacia arriba sin mucho esfuerzo. Pero la mayor parte de las personas deben permanecer más tiempo en este campamento del Autoliderazgo.

¿Por dónde empezar? Por un espejo.

¿Qué ves cuando te miras y te ves reflejado en un espejo? Sólo ves cuerpo y, es verdad. El primer descubrimiento debe ser el cuerpo. Habitarlo de manera consciente. Es la cápsula temporal que te mantiene vivo en esta dimesión del universo que llamas tierra. Y es tan poderosa que algunos se quedan a vivir en su cuerpo el resto de su vida, dándole una importancia desmesurada y desvirtuada de su funcionalidad.

Quedarse en la química y la biología que es el cuerpo supone ser con el tiempo un adicto. Las adicciones corporales son muchas y, una de ellas la más extendida y normalizada es la que se corresponde con lo que llamamos educación física y, luego, se convirtió en el deporte que tiene enganchados a muchas personas como medio de sentirse realizado.

Se han identificado con la cápsula y consideran que su bienestar psicosocial está asociado a este estilo de vida que denominan sano.

La autoconciencia corporal es una reacción sana y desidentificada con el cuerpo que me permite tener un diálogo consciente con el cuerpo a través de su lenguaje. Un lenguaje que no se basa en palabras, sino que se expresa en otro tipo de lenguaje lleno de sensaciones de todo tipo y que hay que aprender. El cuerpo nos habla. La sensación de hambre, de sed, el deseo sexual…son las más famosas, pero hay más,.muchas más que pasan desapercibidas por que no tenemos autoconciencia corporal.

Comienza una exploración de nuestro cuerpo que se suele quedar enganchada o atascada en las primeras manifestaciones sensoriales placenteras y no voy más allá.

¿Hasta dónde tengo que llegar? Hasta el dolor físico que rechaza la mente de manera automática y que impide una relación sana con él.

En todas las culturas ha existido y existe un posicionamiento ideológico con el dolor. Es inevitable decía Buda. Es el gran maestro manifiesta el Cristianismo.

Para una sana autoconciencia corporal se requiere silencio y tiempo de observación. Paciencia. La meditación de autoconciencia corporal puede ayúdanos a mejorar en ese autoconocimiento de nuestra bioprogramacion para llegar a conocer la bicocodificacion y, por ello, la biodescondificsción. Es decir, poder ser nuestra propia medicina. Saber curarnos. ¡Apasionante!

Pero soy más que lo que el espejo refleja. Y, por eso, no soy mi cuerpo. Soy quien lo observa.

Los sentidos me ofrecen información a un centro de procesamiento de las sensaciones que yo juzgo y etiqueto con un lenguaje verbal implementado en mi infancia. Ese centro de procesamiento que llamamos mente es la siguiente identificación. Soy mi mente.

Comienza la identificación con lo que pensamos. La ideología y sus creencias.

Creerse ser lo que pensamos y consolidaron como creencia. De esta forma se consolida lo que llamamos personalidad. El «Yo soy asi».

La Autoconciencia nos ayuda a deconstruir todo este entramado de pensamientos para luego construir de nuevo una identidad basada en una percepción de lo que soy realmente en función de mi propósito vital o Ikigai, del que hablaremos más adelante.

Quien no reconstruye sus creencias tiene el riesgo de quedarse estancado con sus talentos en lo que se denomina zona de confort y, pese a que ahi se vive muy cómodamente en algunas ocasiones, no se tiene garantizado el bienestar psicosocial.

Muchas personas adolecen de déficit de bienestar psicosocial por su manera de pensar.

En la Autoconciencia se observan los pensamientos y sentimientos. Estos últimos tienen un poder absoluto sobre nuestra bioprogramacion, generando química en nuestro organismo y provocando enfermedades o bienestar psicosocial.

La autoconciencia nos ayuda a deconstruir la bioprogramacion al darnos cuenta de su existencia.

Una observación desapegada y eficaz de los sentimientos se realiza con técnicas de Mindfulness. Con ellas podemos incorporar una observación integral de cuerpo y mente.

Dedicar tiempo a la Autoconciencia es fundamental. Se trata de nuestra ITV personal, el autodiagnostico que luego tendremos que contrastar con otras fuentes de sabiduría para verificar qué lo que percibo es correcto para evitar lo que denomino egocentrismo autoreferenciado y que supone la creencia de que somos nuestra propia fuente de sabiduría.

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