Ser o no ser.

Vivir en una ciudad pequeña como Salamanca tiene muchas ventajas y muchos inconvenientes.

Hay aspectos de la vida muy grandes y otros muy pequeños.

Así, los ciudadanos son muchos pero su poder muy pequeño.

¿Quién manda en una capital de provincia como Salamanca?

Si te paras a analizar diremos que los que mandan, mandan mucho y su poder es grande, pero es un pequeño grupo.

Ese pequeño grupo con un poder tan grande es la realidad de una ciudad grande y pequeña a la vez.

En ellas sólo tienes un dilema en la dinámica del poder: Ser o no ser.

Luego están los que pasan de ser o no ser.

Como decía el personaje de ficción: «Si no eres parte del problema, ni eres parte de la solución, eres parte del paisaje.»

Y si hablamos de paisaje en las ciudades pequeñas se crean muy buenos paisajes.

Cada ciudadano vive en un paisaje generado por sus conciudadanos lleno de gente que ni son ni quieren ser.

Vivir en una ciudad pequeña es lo que tiene, que los paisajes son tremendamente grandes y la vida se sus ciudadanos tremendamente pequeña en términos de poder.

Sólo cuando cambia el paisaje se logra cambiar una ciudad.

¿Y para qué cambiar el paisaje?

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