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No me busques en tu mente, que seguro que aprovecha para sacarme algún defecto, analizarme y juzgarme y no saldré bien parado pues no tengo méritos de los que ella busca y colecciona.

No me busques en el cuerpo, que cambia, que envejece, y no podrá darte ni la fuerza o la belleza que hoy admiras.

No me busques con sentimientos, que son efímeros, cambiantes e impermanentes, que prometen y no cumplen.

No me busques con tu corazón, que puedo ocuparlo de tal manera que no quepan luego los demás.

Si quieres buscarme, si realmente quieres encontrarme, respira el aire, que es el mismo que yo respiro. Contempla el cielo que es mi mismo cielo. Pisa firme la tierra que a mi también me sustenta. Y ahí, dile a Dios que me quieres y me abrazas y El, hará que  aire, el cielo y la tierra me otorguen tu amor cada día, cada instante, cada mañana.

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