Un Cursillo de Amor : EL AMOR EN LO PEQUEÑO.

Si el amor es lo más grande, donde mejor se manifiesta es en lo pequeño. Un beso, una caricia, una sonrisa, un guiño de un ojo, un abrazo…y tantos y tanto gestos, pequeños que son para los enamorados una profunda sima de amor en la que perderse y saborear lo profundo del sentimiento. No hay amor sin estos gestos pequeños y si faltan se considera un síntoma de que el amor puede haber desaparecido. Un regalo, una llamada de teléfono, una sorpresa, una palabra…Aparecen en nuestras vidas de la mano de la persona amada y se nos abre en el pecho un mar de plenitud, una sonrisa en la cara y el mundo por un instante parece y es maravilloso. Un sublime instante de amor gracias a un pequeño gesto, un detalle, un toque de atención y es que de atención se trata, de prestar atención al amor, como se haría con planta para que no se seque y se angoste, todos los días un poco de atención, basta un poco de atención y el poder del amor surge y se mantiene.

De la misma forma que en el sentimiento, en el AMOR como SABIDURÍA, en el AMOR del que estamos hablando en este Cursillo y que recordamos:

“El AMOR como “SABIDURÍA INFINITA que nos permite conocer la VERDAD”. Este es el AMOR del que hablamos en este Cursillo y si el AMOR es infinito como  Sabiduría, forma parte de la eternidad y es en ella donde lograremos alcanzar su plenitud y en la tierra la única expresión de la eternidad que tenemos es el AHORA”.
El AMOR se mantiene en las cosas pequeñas y la más pequeña que tenemos y que es plenamente nuestra es el justo instante, cuasisuspiro de la vida, el AHORA. Si en el amor es atención, en el AMOR es ATENCIÓN. Una ATENCIÓN al momento presente, que es lo mismo que la vida, y, en el momento presente lo que hay puede ser el sol, la luna, el aire, las estrellas, la lluvia, el canto del pájaro, unas montañas, los árboles, una persona, un paisaje, en fin y para resumir, un sentido: Un olor, un sonido, un sabor, una sensación táctil, una visión. Cuanto estamos presentes en esos momentos, instantes, segundos, como arena del desierto en la palma de la mano que se desliza entre los dedos, dejando un leve pero sutil hormigueo en las manos con un casi imperceptible sonido de arrastre de la arena según cae al suelo mientras siento el calor que desprende sus miles de granos de arena calentados por el sol y saboreo ese instante y me siento vivo. Ese es el justo momento de ATENCIÓN que la vida requiere en el que el AMOR se manifiesta.

Mantener esta actitud de ATENCIÓN presente y constante requiere de un entrenamiento de los sentidos, de la mente, del cuerpo y un SER, que como observador, será el espectador privilegiado de la belleza que irradia la vida en cada instante. En este entrenamiento los detalles de la vida cotidiana son un campo de entrenamiento vital para un desarrollo de esta actitud de vida. Lo pequeño, centrarme en lo que hago en cada instante, sea lo que sea, con total atención, con esfuerzo humano pero intención divina. Poniendo “cuerpo y alma” como decían nuestros abuelos. De esta forma mi mente se acostumbra a pararse, a centrarse, a focalizarse en lo pequeño, lo ordinario, lo cotidiano, lo más insignificante. Sin caer en lo puntilloso, el perfeccionismo y lo maquineo, el AMOR está en todo lo que hacemos con ATENCIÓN.

Nuestra mente busca aventuras y admira los logros grandes y esplendorosos y si están rodeados de éxito material y fama, más aún, nuestra mente, ambiciona y presta atención a esa meta que para ella es puro deseo dejando de lado la vida, lo que nos rodea en pos de un afán conquistador y guerrero.

Nuestro corazón se queda en la vida, en el ahora, explorando la infinitud del momento presente. Pensemos en una ceremonia del Té japonesa. El corazón detiene con la ATENCIÓN entrenada la vida para nosotros, la graba como recuerdo y hace surgir el AMOR en lo que estás haciendo. Hecho de pura ATENCIÓN no podemos alcanzar una consciencia plena del AMOR sin el testigo de la verdad, de lo que ocurre, el notario de lo cotidiano y ordinario, el SER. Mientras nuestra mente busca en el más allá, nuestro corazón se queda quieto ante el presente.

Ahora estás leyendo. ¿Cómo has leído este artículo?. Mejor, ¿ha sido con la mente puesta en lo siguiente que tienes que hacer? o, ¿ha sido con el corazón fijo en el momento presente?.

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